Esta obra ilustra un paisaje montañoso abstracto y minimalista presentado en una paleta cromática monocromática en tonos azules. Sus siluetas superpuestas de cordilleras que crean profundidad a través de capas horizontales suavemente onduladas con un degradado continuo en la parte superior que va desde un azul claro pastel hasta una iluminación blanca donde resalta una esfera luminosa (el Sol o la Luna).
Va desde un azul marino profundo e intenso en el primer plano inferior, pasando por tonos azul medio e índigo, hasta alcanzar matices celestes muy suaves en el fondo. La obra proyecta tranquilidad, serenidad y elegancia moderna, siendo ideal para espacios con estilo nórdico, minimalista o contemporáneo.